¡A Mil Por Hora!
27 ago. 2015 12:33

Angelo Della Corsa nos habla de la Potencia Viril y la femineidad, luego del Gran Premio de Bélgica en Spa.

Sebastian Vettel, Ferrari en la parrilla
Sebastian Vettel, Ferrari en la parrilla
Lewis Hamilton, Mercedes AMG F1 W06 lidera a Jenson Button, McLaren MP4-30
Lewis Hamilton, Mercedes AMG F1 W06
Lewis Hamilton, Mercedes AMG F1 W06
El podium: Nico Rosberg, Mercedes AMG F1, segundo; Lewis Hamilton, Mercedes AMG F1, el ganador; Roma
El ganador, Lewis Hamilton, Mercedes AMG F1 celebra con el equipo
El ganador, Lewis Hamilton, Mercedes AMG F1 W06 celebra
El ganador, Lewis Hamilton, Mercedes AMG F1 celebra con el equipo
Lewis Hamilton, Mercedes AMG F1 y Nico Rosberg, Mercedes AMG F1 celebran
El podium: Nico Rosberg, Mercedes AMG F1, segundo; Lewis Hamilton, Mercedes AMG F1, el ganador; Roma

Un sabio suele ser esa persona admirable que está más allá del bien o del mal y quien siempre habla claro porque piensa con toda claridad: Catherine Deneuve fue precisa, concisa y maciza al definir a los hombres como niños; quienes cuando van creciendo, juegan con juguetes más caros cada vez.

Los grandes hombres lo descaran impávidos: Ulises vacilaba de lo lindo al luchar contra el canto de las sirenas poniéndose cera en los oídos. Alejandro Magno gozaba retando a los espadazos, de-a-mentiritas, a su hombre de confianza, Hefestión, comandante de la caballería imperial. Napoleón Bonaparte, se divertía como chilpayate o muchachito, ordenando llevar obeliscos de Egipto a París; así fue que creó a su imagen y semejanza la ciudad más armoniosa del mundo.

Aristóteles Onassis compraba todos los barquitos que podía, pero dormía igual a un bebé si lo arrullaban cantándole arias de ópera al oído. En los tiempos del Circo Romano, nada era tan prestigioso como ser el amo, en las competiciones, de una cuadriga tirada por caballos, pero triunfadora de a de veras.

RPM

En la Fórmula 1 se realizan proezas lúdicas de enorme altura para regocijarse en ese estímulo fascinate que acaba por causar adicción. Y en ella, pululan infantes grandes con mucha fortuna. Son personajes indispensables como Bernard Ecclestone o Sergio Marchionne, sumados a tantos imitadores que de grandes, quisieran ser como estos dichosos.

Hay unos más a los que les gusta jugar, pero apostando. Tipos astutos que con sus marcas van en busca de éxitos descomunales en los negocios tal como: Dietrich Mateschitz, que ha logrado crecimientos notables con su bebida Red Bull. Emilio Botín, que fuera el patrón del banco Santander y murió el año anterior; él era uno que llegaba, adquiría bancos por medio mundo, de modo que triunfaba muy pronto, una vez y la otra también. O Carlos Ghosn, mandamás en Renault, Nissan e Infiniti, quien se ocupa en posicionar sus marcas a tiempos récord.

Pesos pesados de los negocios y patrocinadores de los carritos de alta velocidad. Es la publicidad, se podrá aducir. Pero es más que eso. Es cosa de un juego de gran utilidad.

El mundo estará de cabeza. La tierra habrá perdido su juventud. Problemas los habrá al por mayor. Y esto va a continuar sin freno, el final está esperando por cada uno y el último, que apague la luz, por favor.

Pero acá en otro mundo más banal y saludable: las galopadas de coches supremas es un chirimbolo de patrones como ellos y eso le asegura su futuro. Niños ya crecidos, que manejan riquezas demenciales y quienes, además, se encargan de llevar la emoción a millones de espectadores.

Estas reyertas o duelos de la categoría reina de los deportes, como se ve: son cosa de hombres. Con sus carros en forma de punta, esa espuma blanca que derraman en los altares del triunfo y sus soldaditos de plomo bien uniformados. Talentosos sin medida: son dueños, además, del mayor estilo, puntualidad puntilosa y todo el carisma, que lo que adornan junto a los reyes o a los mandatarios políticos, y otros magnates –magnetos– como ellos o hasta más pudientes.

La regla dorada para encontrarse con la felicidad que aquí se propone es: a jugar, que el mundo se va a acabar.

SOBRE LAS ÍES

Las carreras cambiaron: de ser unas tinas de baño con cuatro ruedas como las de hace 65 años, se ha llegado a los autos híbridos del presente. Para ciertos aficionados quisquillosos, pareciera que se pierde algo de interés; en cambio, quienes vieron lo sucedido en los domingos recientes en Silverstone, Budapest o por fin, en la carretera entre Francorchamps y Spa sobre las ondulaciones belgas de la región de Las Ardenas, opinan, en su mayoría, que se han agasajado con grandes pruebas de velocidad.

El dominio de la cuadra de Mercedes se cuestiona de manera sincera y valiente, pero lo hecho entre los dos pilotos a su servicio y resuelto con preciosa lucha intestina, en la que sobresale el talento que no se discute de Lewis Hamilton; y ya ni se diga como velocista puro. Contra reloj lleva de 11 Cuerdas de Arrancada dirimidas, 10 que se embolsa; seis al hilo, como lo hiciera un par de veces Michael Schumacher. El trabajo de Lewis es pasión en estado puro y duro.

Así es como trabajan los grandes campeones, sean chicos o enormes. Sino, preguntar a un sabio. Tal vez al señora Deneuve que dice puras verdades con una boca que es delicia óptima, lo pueda poner en claro para siempre. 

Ah, y debe añadirse que el timón tapatío –de merito Guadalajara en México– Sergio Pérez, se aventó una largada pefrecta –como soneto– que trajo a la memoria la osadía de don Pedro Rodríguez en 1970, allí en Spa, sobre un BRM ¡Haya paz!

 

Amigable mente,

Ángelo della Corsa

www.tf1.mx

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Sobre este artículo

Campeonatos Fórmula 1
Evento GP de Bélgica
Lugar Spa-Francorchamps
Tipo de artículo Artículo especial