Martin Urruty: Para Valentino Rossi, rendirse, jamás

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Martin Urruty: Para Valentino Rossi, rendirse, jamás
Martín Urruty
Por: Martín Urruty
6 nov. 2018 12:41

¿Qué será lo que motiva al legendario piloto italiano a competir pese a que está cerca de cumplir los 40 años y ya es una leyenda de MotoGP? Martin Urruty lo explica.

La mayoría de los que han encarado estas líneas, si en algún momento de sus vidas hubiesen acaparado algo de la gloria acumulada por Valentino Rossi y ganado un poco del dinero que el italiano desde hace décadas cuenta en millones habría renunciado tempranamente a seguir asumiendo riesgos como los que el multicampeón de MotoGP afronta a punto de cumplir 40 años. El que las escribe, también.

Y aquí reside parte de la explicación de por qué uno las escribe, otros las leen y sólo Rossi las protagoniza.

Como Roger Federer o Tiger Woods, entre otros grandes de hoy y ayer, a Rossi le apasiona competir. En su caso, correr en motos. Así como el tenista no descansa en sus 99 títulos ni en la cantidad de semanas como número 1 del ranking y a los 37 años pelea contra jugadores con edad de ser sus hijos y les gana, el golfista de los golpes extraordinarios luego golpeado por sus desvíos amorosos se sometió a operaciones y rehabilitaciones para volver a ganar, y especialmente un Major a pesar de que ya tiene 14.

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Rossi, se recuerda, ostenta más de un centenar de victorias mundialiestas (115, 89 de ellas en MotoGP) y nueve títulos (siete en la categoría principal). Los hijos que aún no tiene y los nietos que quizá un día busquen en internet -o lo que exista- videos del abuelo podrán vivir apasiblemente con la fortuna amasada por el piloto de Tavullia. Pero Valentino quiere más gloria. Siempre.

Como nunca antes esta temporada, inesperadamente para la mayoría que aún no había tomado nota que las mejoras de Yamaha no eran sólo circunstanciales en Phillip Island, Rossi se instaló en la punta de la carrera y comandó el lote durante más de tres cuartos del recorrido: 16 de las 20 vueltas. Hasta llegar al Gran Premio de Malasia, Il Dottore sólo había acumulado diez giros como líder en las 17 competencias corridas en 2018.

La constancia con la cual el tetracampeón con Yamaha mantuvo un ritmo constante con vueltas en casi redondos 121 segundos fue tan notable que su antiguo compañero -y rival- Jorge Lorenzo lo hizo reconoció después a través de las redes sociales, un comentario que Vale agradeció.

La penalización que el ya coronado campeón Marc Márquez debió purgar en la grilla colaboró con la estrategia de Rossi. Al español, autor de la pole position pero castigado con seis puestos de retraso por haber obstruido a Andrea Iannone en clasificación, le llevó casi cinco vueltas acomodarse segundo: quedó entonces a poco más de siete décimas del líder.

A pura constancia, el italiano logró estirar esa diferencia hasta 1s2 ya en la segunda mitad de la carrera al tiempo que Márquez guardaba energías propias -el calor y la humedad malasios menguaron el físico- y caucho para atacar en el último tercio de competencia. Con el título asegurado hace dos carreras, Márquez inició su hilván de vueltas rápidas que le permitieron aproximarse a Rossi justo en la pista en la que tres años atrás protagonizaron aquel escándalo de proporciones que marcó la definición del campeonato 2015 que finalmente ganó Lorenzo.

Cuando el morbo llevaba a los espectadores cada vez más al borde del asiento, en el comienzo de la 17ª vuelta, justo en la curva más lenta del circuito, Rossi se cayó. Cree haber hecho lo mismo que en todas las pasadas anteriores: llegó en sexta, a 318 km/h., bajó a segunda marcha y dobló a 72. Pero la rueda trasera de compuesto blando, la elección mayoritaria, deslizó y Valentino empezó a perder la M1, inclinada a 70 grados.

Siguió peleándola cuanto pudo sin soltarla, intentó calzar el codo como palanca sobre el asfalto para levantarla mientras su rodilla derecha iba rozando el pavimento pero no fue suficiente. Márquez vio todo desde platea preferencial, recogió el regalo y ya lejos de Johann Zarco, a cuatro segundos de quien en ese momento era escolta, escapó al triunfo, noveno de la temporada para el español.

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Doble ganador con su equipo en Moto2, del título con Francesco Bagnaia y del Gran Premio con su medio hermano Luca Marini, Rossi perdió como piloto mucho más que una victoria posible en Sepang. Desperdició la mejor chance de ganar que se le ha presentado en 2018 y que probablemente no tenga otra vez en Valencia, la última fecha del año. Esta puede ser la tercera temporada sin victorias en 23 de campaña mundialista.

El único antecedente es su aciago bienio -2011/2012- en Ducati. Aunque termine el año sin un  triunfo, tercero o cuarto en el campeonato, Rossi es hoy mejor piloto que cuando marcó época en el final de los dos tiempos y 500 cc. y el arranque de MotoGP y sus cambios de cilindrada. La oposición que enfrenta es muy superior en cantidad y calidad.

Y Rossi igual pelea. Tan dignamente que hasta su caída en Malasia tenía buenas opciones de terminar como subcampeón del fabuloso Márquez. El que lo presionó obsesiva y dedicadamente en Sepang hasta empujarlo al error. Valentino también puede ver esta forzada toma de propia medicina como un sutil elogio. Al cabo, Márquez lo aprendió de él, mirándolo por televisión en tiempos en los que Il Dottore jugaba con Max Biaggi y Sete Gibernau.

Cuando logre dar vuelta la página de la oportunidad perdida, Rossi continuará peleando. Como no han renunciado los que llegaron hasta este párrafo, Valentino tampoco lo hará en lo suyo. Sería una actitud ordinaria y él, está demostrado, es un sujeto extraordinario.

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Foto de: Gold and Goose / LAT Images

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Sobre este artículo

Campeonatos MotoGP
Autor Martín Urruty
Tipo de artículo Análisis