Márquez vs. Márquez

Martín Urruty destaca que el cambio de mentalidad que hizo Marc Márquez en 2016 es la clave para que el español sea el cómodo líder del campeonato de MotoGP, a pesar de que su Honda no tiene la docilidad de las Yamaha.

Exageró, Marc Márquez. No fueron 40 veces. En realidad, nadie llevó la cuenta de las ocasiones en las que el jefe de mecánicos Santi Hernández y el círculo más cercano le repitieron al bicampeón de MotoGP la premisa de asegurar puntos antes que tomar excesivos riesgos para lograr una victoria.

Al cabo, lo que importa es que el español entendió que existía una receta alternativa para pelear el campeonato sin estar montado en la mejor moto y los resultados están a la vista. En Assen, donde el cuatro veces campeón confesó el martilleo psicológico al que había sido sometido por los suyos, dio otra muestra. Márquez es uno de los cuatro pilotos -los otros son Pol Espargaró, Héctor Barberá y Eugene Laverty- que ha sumado en las ocho fechas de la temporada, anotó 56 puntos más que en 2015 a esta altura y encabeza las posiciones.

Con otras características, la Honda 2016 es tan indócil como el prototipo 2015. Aunque este año, a pedido de Márquez, se haya optado por un motor que gira al revés, el combo formado por el agresivo impulsor, gestión electrónica menos sofisticada y neumáticos Michelin dejó a las motos del Ala detrás de Yamaha y, en ocasiones, también de Ducati. Los problemas y desafíos estaban claros desde la pretemporada, cuando Jorge Lorenzo y la M1 asomaban invencibles. Sin embargo, cuando falta una carrera para alcanzar la mitad del calendario, Márquez le lleva casi una de ventaja -24 puntos- al actual campeón. Si bien Lorenzo ha colectado 32 puntos menos y Valentino Rossi, ¡60 menos! este año que luego de las primeras ocho competencias de 2015, Márquez sumó 56 más. Su aporte resultó clave para que la marca pelee con Yamaha el certamen de constructores y la escudería oficial encabece el torneo de equipos.

El bicampeón 2013/2014 ganó dos carreras en lo que va de 2016, el doble de victorias que en los primeros ocho Grandes Premios de 2015. Tuvo cierta fortuna en la Argentina, donde salió beneficiado con el cambio de moto impuesto por el formato de emergencia adoptado por las roturas de neumáticos, aunque puso su parte para estar en el lugar necesario en el momento adecuado. En Austin, su siguiente victoria, extendió el invicto en una pista en la que suple con talento casi cualquier deficiencia de la moto. Las diferencias entre los años no se extinguen ahí: en 2016 subió a siete podios en ocho fechas contra apenas tres de 2015, cuando sólo sumó en cinco oportunidades y sufrió tres caídas. Esta temporada se repuso de la rodada en Francia y con la Honda maltrecha cruzó la meta 13° y cosechó tres puntos que acaso le sirvan en noviembre.

Márquez podría haber ganado dos carreras más este año -en Cataluña y Holanda- pero prefirió asegurarse los puntos del segundo lugar. Si lo hubiese intentado como la versión 2015 de Márquez habría hecho, quizá se habría caído en Montmeló y bajo el agua en Assen y tendría ahora 40 puntos menos y no sería líder del Mundial. El catalán perdió con Lorenzo camino a la meta de Mugello por el déficit de aceleración de la Honda. En Barcelona se resignó detrás de Rossi porque tenía claro que para intentar ganarle debía arriesgarse a perder todo. Y lo mismo ocurrió en las cambiantes condiciones en Holanda: fue astuto para mantenerse en la primera parte de la competencia y no opuso resistencia a Jack Miller cuando el australiano se jugó por su primera victoria.

Nadie que haya seguido las pruebas de pretemporada y estudiado el suplicio de Márquez y Dani Pedrosa para domar la Honda 2016 hubiese pronosticado entonces que a esta altura del ejercicio no habría una -o probablemente dos- Yamaha adelante en el campeonato. Ni que Márquez sería el cómodo líder del Mundial. El mérito mayor consiste en no haberse rendido cuando no había salida aparente. Eso impulsó al piloto y a su séquito técnico a continuar trabajando para competir con Yamaha -principalmente- y con Ducati, que aparecían en mejor forma en los ensayos de Sepang y Australia.

Al tiempo que intentaba domesticar su moto, Márquez empezó a adiestrar su mente. Los golpes de 2015, las tres carreras sin puntos en las siete primeras fechas, los otros tres ceros -incluido el de Malasia luego del toque con Rossi- que coleccionó en el año le enseñaron más que los repetidos pedidos de su jefe de mecánicos. Aprendió a los golpes. Acaso sin quererlo incluso Valentino también le haya dejado una enseñanza el año pasado: el italiano fue líder del campeonato hasta la última fecha sin haber sido siempre el más rápido. En su cuarta temporada en MotoGP, después de dos títulos en fila y un tercer puesto, Márquez es ahora un corredor más completo. Con el talento intacto, no ha perdido una pizca de atrevimiento y añadió madurez para mensurar cada oportunidad. Por eso, en Márquez vs. Márquez, el modelo 2016 vence con comodidad a la versión anterior.

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Acerca de este artículo
Series MotoGP
Pilotos Jorge Lorenzo , Marc Marquez
Equipos Repsol Honda Team
Tipo de artículo Análisis