Entrevista

El cirujano de Márquez no pudo dormir antes de la operación

Motorsport.com tuvo acceso al eminente doctor Joaquín Sánchez-Sotelo, el hombre cuya cirugía ha revitalizado la carrera de Marc Márquez y con el que mantuvimos una interesante entrevista en exclusiva.

Marc Márquez, Equipo Repsol Honda

Ni siquiera el disgusto que Marc Márquez se llevó hace unos días en Sepang, al subirse a una Honda que debería permitirle volver a ganar y que, sin embargo, no parece estar para muchas fiestas, han hecho que el español se desanime. El pasado verano europeo, el piloto de Cervera comenzó a ver el resplandor que finalmente lo ha llevado a salir del lugar más oscuro en el que nunca había estado.

Tras un calvario de dos años y tres operaciones en el húmero derecho, la cuarta intervención, en junio de 2022, tuvo un efecto tremendamente revitalizador en el corredor español. Como queda claro en la serie documental All In, que Amazon Prime estrenará la semana que viene, la limitación física que arrastraba le llevó a plantearse seriamente la retirada como una opción casi más real que hipotética.

El encargado de evitar que Márquez colgara el mono con 29 años fue el doctor Joaquín Sánchez-Sotelo, cirujano de la Clínica Mayo, en Minnesota (EE.UU.), con quien Motorsport.com tuvo la oportunidad de charlar este jueves de forma telemática.

Pregunta: ¿Cómo se produjo la aproximación de Márquez?

Respuesta: Marc había precisado de tres cirugías previas en España. Dos en Barcelona y una, en Madrid. La última la hizo el doctor Samuel Antuña, muy reconocido tanto en Europa como en Estados Unidos. Me llamó y me dijo que, a pesar de haber resuelto la infección, Marc tenía problemas de movilidad, básicamente externa. En primera instancia le aconsejé que se diera algunos meses más de margen, que intentara mejorar tanto como pudiera. Superado ese tiempo, me dijo que seguía sin poder controlar la moto en las curvas, y que también tenía problemas al frenar. No podía bloquear el brazo, que se le iba hacia dentro. Marc me mandó un TAC de ambos brazos. Gracias a la impresión en 3D, reprodujimos sus dos húmeros en plástico; el izquierdo y el lesionado, que presentaba una rotación considerable. Hicimos una videollamada, le enseñé los huesos y me dijo: "Me opero".

P. ¿Por qué tuvo que desplazarse hasta Estados Unidos?

R. En cuestiones ortopédicas, a medida que aumenta la complejidad de la cirugía es importante dar con alguien que tenga mucha experiencia en ese ámbito en concreto. Lo que es único en la clínica Mayo es la especialización. Yo hago solo hombro y codo, y hago mucho de eso. Pero es que, además, tengo a mi disposición una cantidad de dispositivos y recursos que son difíciles de conseguir en otros lados. El departamento de impresión en 3D es espectacular. Yo me siento con un ingeniero y planificamos y proyectamos la intervención en un ordenador, imprimimos líneas de corte y demás.

P. ¿Cuántes operaciones de este tipo había hecho antes?

R. La operación de Marc es poco frecuente, y las hago uno o dos veces al año. Básicamente, porque los pacientes a quienes les pasa lo mismo, y su hueso presenta una rotación similar, se adaptan a la vida cotidiana. Si fuera futbolista, probablemente se habría adaptado a jugar con el brazo de esa forma. Pero, por ejemplo, le habría limitado en una acción tan simple como lavarse el pelo.

P. ¿En qué consiste la técnica del espejo?

R. El cuerpo humano es muy simétrico. El húmero derecho de una persona es idéntico al izquierdo. Para una intervención como la que le hicimos a Marc, es muy útil hacer un escáner del lado sano, y el programa de ordenador es capaz de hacer una imagen en espejo. Luego se imprime en 3D, de modo que el cirujano ve cómo era ese hueso antes de romperse. Cuando uno quiere reconstruir un hueso para dejarlo tal cómo estaba antes de una lesión, eso es súper útil. Porque, además, esta técnica permite diseñar unas plantillas de corte estériles, de plástico, que se fijan al hueso. Así, tanto el corte como la rotación son muy precisos.

P. ¿Le queda alguna limitación?

R. Marc tiene una capacidad de sacrificio tan grande que no creo que le quede ninguna. Creo que le provocarán más problemas las operaciones anteriores, en los hombros (tras las luxaciones que sufrió), que esta última. Desde el punto de vista médico, el húmero está como estaba antes de caerse. Yo, la única duda que me queda es saber si tiene alguna aprensión al subirse a la moto. Pero, conociendo un poco a la persona, me parece que la parte mental la tiene bastante controlada.

P. ¿Qué destacaría de él como paciente?

R. Tiene dos características muy buenas. La primera es que confía plenamente en la opinión de los profesionales. Lo que quiere es una comunicación directa y clara. Y luego, que se vuelca en todo lo que hace. Uno tiene que saber que, si le deja hacer flexiones, él no hará una, sino cien. Me dijo que solo le dejara hacer según qué cosas cuando estuviera seguro de que podía volver a hacerlas sin peligro.

P. En el documental queda claro que la raíz de todo el problema fue la precipitación que le llevó a intentar correr en Jerez, tras la primera intervención. ¿Hasta qué punto tuvo aquello presente?

R. Yo le dije a Marc que no podía comprometer esa cuarta cirugía por tener prisa. Y él me respondió que sí, que evidentemente lo entendía. Estaba escarmentado. Pero, al mismo tiempo, también me dejó claro que, en cuanto le diera permiso, él iría a tope.

 

(En la imagen, el doctor Sánchez-Sotelo en el centro junto a Marc)

P. ¿Le vio dudar en algún momento de que esa cuarta operación era la mejor solución?

R. Cuando él vio la imagen en 3D de los dos húmeros, él se dio cuenta de que la mejor opción era operarse. Aquello es una evidencia muy visual. En cuanto tuvo claro que había una posibilidad de mejora, me dijo que cogía un avión y que se plantaba aquí inmediatamente. Le echó mucho coraje, porque, cuando a un paciente que se ha roto el brazo le dices que se lo vas a volver a cortar, la mayoría te dicen que estás loco. Era la única forma de hacerlo.

P. ¿Hablaron de las probabilidades de que la cosa fuera mal?

R. Lo que me ayudó mucho fue planificar el caso con extrema atención y cuidado. Otros cirujanos que le habían visto antes, me habían recomendado hacer el corte del hueso en el mismo sitio en que había habido la fractura previa. Y eso, desde mi punto de vista, sí que era más arriesgado porque dentro del hueso había habido infección. Yo busqué la forma de intentar que la cirugía fuera lo menos invasiva posible, lo menos arriesgada. El hueso es un cilindro, de modo que decidí hacer el corte un poco más arriba para limitar el riesgo de complicaciones. Aunque en un quirófano siempre puede haber problemas, yo tenía la sensación de que iba a funcionar. Eso sí, la noche antes de operarle no pegué ojo. Pensaba, madre mía, espero que salga todo bien.

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