"La llama", por Martín Urruty

Nuestro colaborador, nos cuenta lo sucedido en el Gran Premio de Aragón con la gran actuación de Valentino Rossi, la gesta de Marc Márquez y más...

"La llama", por Martín Urruty
Marc Marquez, Repsol Honda Team
Valentino Rossi, Yamaha Factory Racing
Andrea Dovizioso, Ducati Team
Marc Marquez, Repsol Honda Team
Valentino Rossi, Yamaha Factory Racing
Andrea Dovizioso, Ducati Team
Valentino Rossi, Yamaha Factory Racing
Marc Marquez, Repsol Honda Team
Dani Pedrosa, Repsol Honda Team
Dani Pedrosa, Repsol Honda Team
Tito Rabat, Estrella Galicia 0,0 Marc VDS
Marc Marquez, Repsol Honda Team
Marc Marquez, Repsol Honda Team
Valentino Rossi, Yamaha Factory Racing
Andrea Dovizioso, Ducati Team

Unos cuantos se habrían resignado al dignísimo segundo puesto en Austria. Marc Márquez intentó la utopía de superar a Andrea Dovizioso en la última curva. Perdió en la refriega y acabó segundo. La mayoría se habría conformado con el segundo lugar en Misano, con gomas para lluvia sobre pavimento oreado y frente a un rival sin relevancia en la lucha por el campeonato.

Márquez tomó riesgos para quitarle a Danilo Petrucci, italiano de Ducati, la victoria en su casa. Así anotó cinco puntos más para el Mundial. Después de dos caídas, una en clasificación que lo dejó sin invicto de poles en Aragón, buena parte de sus rivales se habría sosegado detrás de Jorge Lorenzo, cuyo triunfo no incidía en la lucha por la corona. Márquez, no. Sacó a relucir el extra que siempre parece tener y volvió a vencer.

Nadie logra por casualidad tres títulos en sus primeras cuatro temporadas en MotoGP, como los ha conseguido el español y sin contar siempre con la mejor moto de la grilla. A esta altura, las virtudes de Márquez han sido suficientemente descriptas en crónicas y notas de opinión. Más allá de los logros, uno de esos atributos lo emparenta con los más grandes de cada época.

Se trata del afán competitivo, el plus enemigo del conformismo que se vuelve impulso para pretender siempre algo más. Si bien existen razones técnicas que explican los distintos rendimientos de Márquez y Dovizioso -los dos primeros de la tabla- en las últimas dos carreras, que el catalán haya anotado el doble de puntos que el italiano en el acumulado de esas competencias también se entiende por los riesgos que supo tomar.

El ímpetu ha traicionado a Márquez en varias ocasiones. En 2015, por caso, lo quitó temprano de la contienda mundialista cuando las deficiencias de la Honda se hicieron notorias. Durante esta temporada, el campeón vigente es uno de los pilotos que más veces se cayó: 22. Sin embargo, sólo dos ocurrieron en carrera.

El propio Márquez ha confiado que algunas rodadas fueron mientras buscaba límites y que resultaron un veloz aprendizaje. Gracias a ese posgrado de raspones supo cuánto apretar a Petrucci en Misano, donde Dovizioso no se animó a tanto, mermó el ritmo en los giros finales y ni siquiera quedó a tiro de su compatriota como para pretender que Petrucci, probador contratado por Ducati, le obsequiara el segundo puesto.

Aunque cualquier manual de corrección le hubiese aconsejado mantenerse detrás de Lorenzo y asegurarse otros 20 puntos en Aragón, su propia ambición y la certeza de que su compañero Dani Pedrosa apuraba desde atrás le dieron impulso extra a Márquez, que terminó enhebrando su quinto triunfo del año y segundo consecutivo después del abandono por rotura de motor en Silverstone.

Camino a un trío crucial de carreras, la gira transoceánica que componen Japón, Australia y Malasia en los últimos tres fines de semana de octubre, Márquez impuso una pequeña distancia sobre Dovizioso pero, acaso más importante que los 16 puntos que los separan con 100 como máxima cosecha posible, le dio muestras de su poder y determinación para combatir hasta que sea necesario.

En la recta final de su extraordinaria temporada, Dovi deberá mostrar más que sesuda aproximación a cada fecha y la concentración con la que busca maximizar las oportunidades que se le presentan. Márquez confesó al bajar del podio en el Motorland que algo dentro suyo estaba quemándolo, impulsándolo a que le arrebatara la posición a Lorenzo. En pocas semanas quedará claro qué tan poderosa es la llama interior de Dovizioso, su más próximo rival en el Mundial.

Cada vez más cerca de cumplir 39 años, ese fuego invisible continúa ardiendo dentro de Valentino Rossi. Los 115 triunfos, 226 podios y nueve títulos mundiales no lo han extinguido. Ni siquiera han alcanzado para apaciguarlo. Fue el inconmensurable afán de competir el que motorizó la vuelta de Il Dottore, aún renqueando y con una muleta, sólo 24 días después de la doble fractura de tibia y peroné derechos.

El pobre holandés Michael van der Mark, designado por Yamaha como sustituto, quedó reducido a rol de turista en el paddock. Vale no sólo se clasificó en primera fila, a sólo 180 milésimas de su compañero Maverick Viñales, sino que se mantuvo segundo detrás de Lorenzo durante casi la mitad de la competencia y terminó a 626 milésimas de Mack y a menos de seis segundos del ganador Márquez.

A pesar de tamaña prestación, no pudo evitar que Pedrosa -segundo- lo superara en el campeonato. Apenas un detalle. Rossi cumplió con su deseo. Si no lo hubiera intentado, el fuego lo habría consumido. Y cuando esa llama se apague, será tiempo del adiós. Rossi, Márquez y los de su casta lo saben bien.

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