Viva México, que merece más trabajo y más serio

Se acaba una vigila de 23 años. Tenemos fiesta del vértigo por tres días. Era hora. Angelo della Corsa nos habla del Gran Premio de México y uno de sus héroes en su columna ¡A Mil Por Hora!

Hay sociedades que se han ocupado de cuidar su semillero de pilotos. Desde luego, primero que ninguna la inglesa, porque están imbuidos de un espíritu sano por la competición y son los primeros en ver como un complemento indispensable del trabajo, al ocio. Además, de que veneran en sí a la fórmula de las fórmulas. Italia, con otra idiosincrasia, necesita provocar que surjan ídolos para que hagan las veces de un bálsamo para sus pasiones, siempre clamorosas.

Han arribado después al hallazgo de eso mismo, por ejemplo, Francia; ni se diga en la era de los: Laffite, Pironí, Tambay, Arnoux y sobre todos ellos, Alain Prost ; poco más tarde, Alemania lo ha hecho muy bien y de otra manera, a partir de sus grandes “ralistas”, Finlandia.

En América es ejemplar la escuela de pilotaje brasileña, porque están al pendiente de sus figuras desde que empiezan en el Go-Kart. Fitti, Nelson y Ayrton Senna dejaron una obra de arte admirable. Los Estados Unidos se cuecen aparte, porque ahí proliferan las carreras desde las que se hacen con patinetas, hasta las de los dragsters.

Está probado y archi-probado que en EUA no conecta la Fórmula 1, porque tienen los intereses muy atomizados. También, porque ellos quieren las cosas a su modo y no son muy dados a no soportar la gestión europea, en algo que consideran suyo ¿Por qué brindar con champaña, si tienen una leche de muy buena calidad? ¿Por qué permitir que un tío como Bernie Ecclestone, llegue a arrancarles una millonada, cuando los negocios deben de ser para ellos, y ya?

Austin, en Texas, es el reducto más reciente y, de estar al principio encabezado muy bien por Tavo Hellmund, se lo arrebataron para que lo gestionaran manos autóctonas. Van cuatro pruebas allí, y en unos años más, van a cambiar de opinión y quién sabe que va a ser del COTA. Basta con recordar, que no hay patria más flexible para hospedar la F Uno, que los Estados Unidos.

Las sedes probadas para las carreras supremas, desde 1950, han sido: Dallas (con 1 GP), Detroit (7), Indianápolis (sólo en la nueva época 8, más 11 entre 1950 y 1960), Las Vegas (2), LongBeach (8), Phoenix (3), Riverside (1), Sebring (1) y Watkins Glen (20). Que suman 62Grandes Premios, tomando en cuenta, que hace años las carreras de Indianápolis contaban en los torneos mundiales de la categoría reina. Y aún así, por más que se lo quiera: no es un deporte amado por los norteamericanos. Ni lo será.   

VECINO DEL SUR

Aunque más elementales para trabajar y todavía peor, para repartir la riqueza: México es un país envidiable si se trata de las carreras de la gran Fórmula. Es cierto que sólo tiene en su historial 15 Grandes Premios oficiales y uno de exhibición, en 1962. Pero la gran diferencia –incluso con el resto de los países de América– es que en la tierra de los volcanes, los ciclones y los terremotos: en tiempos todavía muy recordados hubo unas carreras que llamaron la atención por todo el mundo. Se llamaron las Panamericanas.

Se corrieron desde 1950 hasta 1954. Es decir, que nacieron a la par de la Fórmula 1. Venían los grandes timones de la época a buscar sus trofeos hasta acá y llevarlos de regreso como un honor muy grande. Alguna mente muy aguzada –de aquellos tiempos– dijo que la Panamericana era una mezcla deliciosa y excitante de: las 24 de Le Mans, con la Mille Miglia, el Infierno Verde de Norburgo y el Gran Premio de Trípoli. Ajá.

Los autos que llegaban a tratar de ganarlas eran los: Ferrari, Porsche, Lancia, Talbot, Mercedes Benz, Pegaso o Alfa Romeo, sumados a las marcas americanas, pero enfrentándose sin tantas restricciones, de manera que eran poco más o menos, como los F Uno.

Quienes las ganaron fueron: el norteamericano Hershel McGriff sobre un Oldsmobile; el italiano Piero Taruffi a bordo de un Ferrari; Karl Kling, alemán, con Mercedes Benz; Juan Manuel Fangio de Argentina. sobre un Lancia y, de nuevo: otro Ferrari en las manos de Umberto Maglioli de Italia. Esto es, que para esa época eran unas pruebas prodigiosas e internacionales a la altura de lo que fue por entonces la Fórmula mayor.

Fue la génesis para crear en México una sólida cultura del automovilismo de competición de alta gama. Crear una afición conocedora, que derramara al pueblo su gusto por la disciplina. Lo que sumado a la muerte, arriba de un Lancia Aurelia de Felice Bonetto, en Silao en 1953. Volvió el tema, una parte sustancial de toda conversación por meses. Y le dio la vuelta al mundo con eco que se agrandaba.

Poco más tarde, aparecieron los hermanos Rodríguez que conmovieron, hasta producir los más grandes vítores del pueblo, y luego a las lágrimas sin fin.

Ricardo Rodríguez de la Vega había dado muestras en sus cinco apariciones previas, de ser un súper dotado para la velocidad. Tenía 19 años y no se intimidaba en lo más mínimo ante rivales con toda la barba.

Y sucede lo impensable. Nefasto. El jueves previo al primer Gran Premio de México, que era de exhibición. Apenas ensayando, se excede en la curva peraltada y pierde la vida; sobre un Lotus prestado, porque Ferrari que era su equipo, no vino, en tanto que no era prueba oficial.

El primero de noviembre de 1962 ocurre la enorme tragedia. En esta carrera del domingo que viene –en coincidencia tan feliz– se celebrará el aniversario número 53 de la desaparición de Ricardo, El Chamaco.

El pueblo lo conocía y lo amaba. Pero para un mexicano, cuya fiesta nacional –casi– es la del día de los difuntos: velar a su héroe en ese fatídico dos de noviembre, ha sido una herida de las que nunca cicatrizan.

Conformes con los ídolos que fueron. Sin olvidar, por supuesto, a Moisés Solana (1935-1969). Un trío enorme de angustiosa fatalidad, ya que los tres terminaron sus días sacrificados sobre cuatro ruedas. 

El resto ha sido, que la escuela de pilotaje nacional, vaya dando tumbos. A veces en las categorías nacionales, y también asomándose a las americana. Pero lo cierto es que sin preparar con toda conciencia a quienes vengan a generar ese piloto grande, indiscutible y en la Fórmula 1, que la afición mexicana sigue añorando. Algún día llegará y de seguro anda por allí, con menos de diez añitos en las pistas de Go-Kart. En donde está la verdadera clave. Hay que ser pacientes. Y por lo pronto, agasajarnos con los tres días de vértigo que ya no tardan en llegar.

 

Amigable mente,

Ángelo della Corsa

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Acerca de este artículo
Series F1
Evento GP de México
Pista Autodromo Hermanos Rodriguez
Pilotos Ricardo Rodríguez
Tipo de artículo Artículo especial
Etiquetas autodromo hermanos rodriguez, ciudad de mexico, gran premio de mexico, mexico

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