Blue flag, te odio

Luis Manuel "Chacho" López nos deja su punto de vista sobre la costumbre que han tomado las estrellas de la Fórmula 1 de quejarse inmediatamente cuando se encuentran con un rezagado.

Imagínate la Fórmula 1 de los años sesenta o setenta. Si hubieras podido tener entonces los team radio de nuestros días, ¿se hubiera escuchado "¡Blue flag, blue flag!" en algún momento? La respuesta es sí.

Seguro que la antropología de la "Máxima" nos explicaría detalladamente que a ningún piloto en la historia le fue atractivo lidiar con el tráfico pertinaz, y menos fue posible escuchar tan abiertamente todos los reclamos.

Aquello era cosa de hablarlo en privado. Bajar del auto, retirar los guantes y el casco, para emprenderla contra quien resulte responsable.

No hay duda. Todos coincidimos que la lucha en pista debe tener ciertas reglas, pero precisamente esa de la bandera o la luz azul, como es en nuestros días, tiene nota alta de controversia en las últimas carreras.

Mientras para los pilotos es irritante lidiar con alguno que otro que no necesariamente atiende los señalamientos, como aficionado ya siento escozor cuando escucho quejas y veo manotazos.

Y es que no es sencillo digerir a los Ases de nuestros días, Alonso, Vettel, Hamilton, Ricciardo, Button, recitar el chocante: "¡Blue flag, blue flag!".

Para mi hay un gran golpe de contradicción en todo esto. Me atengo a las remontadas que registra el trabajo de mi colega José Antonio Fernández en su compendio estadístico de la temporada 2016.

Los pilotos con más posiciones ganadas en carrera hasta Malasia, entre rebases y abandonos, se han repartido de la siguiente manera:

18 lugares en Bélgica, Hamilton; 17 en Singapur, Vettel; 15 en Malasia, Alonso; 15 en China, Hamilton; 13 en Australia, Grosjean.

Todas esas escaladas en la clasificación final se deben a la ejecución brillante de una buena estrategia de neumáticos, pero es imposible minimizar el componente fundamental de esas operaciones, la muñeca del piloto.

Quedarse atorado detrás de un auto rezagado en medio de una lucha por mantener un ritmo de carrera sólido, es el equivalente a caer en el infierno sin haber muerto antes.

Ello explica, en alguna medida, la desesperación por exigir que las banderas azules hagan su trabajo, pero ¿por qué ocurre con varios de los grandes campeones que, aparte, comprueban ser muy capaces de resolver el problema?

Simple catarsis con el ingeniero, podría decir alguno, o bien una manera de influir en decisiones posteriores si viene una investigación, o simplemente porque se debe guardar el status y los más pequeños en la estadística deben estar condenados a hacerse a un lado, claro, en el criterio de los superastros. Otros dirían: "¡Fácil! Están muy consentidos".

Personalmente, no me gusta ninguna de las anteriores. No me gustan los team radios llenos de lamento, cargados de frustración, mucho menos que sean cada vez más frecuentes en los Grandes Premios y peor que vengan de los ídolos de nuestro tiempo.

Qué tal que alguna vez se hubieran cruzado con… Andrea de Cesaris, Satoru Nakajima, Mark Blundell, Taki Inoue, Luca Badoer, Tora Takagi, Olivier Grouillard, Yuyi Ide, que son tan sólo algunos de los más necios y duros 'adoradores' de ignorar la bandera azul que pude ver hace años. (Y quiero hacer notar que, por cierta simpatía personal, no incluí ahí arriba a Eddie Irvine).

¡Esos sí eran duros! En fin, a mi no me divierten las quejas. ¿Y tu, cómo te sientes con eso?

Escribe un comentario
Mostrar comentarios
Acerca de este artículo
Series F1
Tipo de artículo Análisis