¡A Mil Por Hora! Rosberg, Hamilton y Pitágora

Ángelo della Corsa reflexiona sobre los acontecimientos en el Gran Premio de Austria y el incidente entre los pilotos de Mercedes, el cual, rompió la lógica de Pitágoras.

Exacto. La peor herencia de las teorías comunistas han sido esos lugares indecentes en que queriendo o no, todo mundo tropieza más temprano que tarde con ellos. Lo que da pie para entrar en materia, dejando de lado que Nico Rosberg se quiso pasar de listo al exceder su trayectoria y asociarse con Lewis Hamilton, en ese toque que se produjo sobre el último giro del Gran Premio de Austria recién dilucidado.

Nada de que asombrarse. La fanaticada que echa porras por el alemán, va a encontrar culpable a Lewis. Los que “tuercen” a favor del británico, dirán que quien la regó ha sido Nico. Y no hay manera de reconciliación. Cada cual ve lo que quiere mirar y reflexiona de acuerdo con sus amores. Por eso son llamados fanáticos. No entienden razones. Y así está bien. Ellos alimentan la pasión por el deporte de la Fórmula impar.

Habrá que remontarse a Pitágoras (circa 569 a. C.–ca. 475 a. C.) o a los pre-pitagóricos, para recapacitar de nuevo en el axioma que reza que: es imposible que quepan dos cuerpos –al mismo tiempo– en un mismo espacio. Pues en ese truco tan elemental, están sustentadas las carreras de coches y ni se digan éstas que son las que a usted le gustan. No hay de otra.

Lo que llega a ocurrir, porque es cierto en absoluto que el hombre es un animal de costumbres, es que hay pilotos que ya adquirieron el vicio de ser los primeros en pasar y dejar detrás de sí a quien sea: sin distinguir credos, razas o preferencias para el acto feliz del amor. Es irremediable pues, que aquel que ya se habituó a ser el último en frenar y el más sagaz para pisarle al acelerador, se acabe imponiendo sobre los menos hábiles que él.

Hay quien dice que en los autos de la más alta gama de competición de esta época, el piloto es factor que pesa sólo el 20% y el misil en que se monta, el restante 80%. Lo que bien mirado no deja de ser otra simpleza que va muy bien con los lugares de los comunistas. A quién rayos le importa si es en realidad ese porcentaje o es otro, tal vez un poco distinto. Lo que hace recapacitar que, por más números que se lancen al aire, no acaba de ponerse en claro por qué siendo tan eficaz Michael Schumacher, no pudo hacer con esos Mercedes AMG lo que viene haciendo Lewis Hamilton, si son los mismos autos de maravilla. Los números que planteaba el señor Pareto, esta vez, son porcentajes que salen sobrando. Porque no explican el fondo de la cuestión.

Hay otras causas que no son precisamente alfa-numéricas que permiten que coincida el piloto ideal con el auto más preciso, para que suceda el milagro. Y más vale que quede en claro, que no va a ser nunca lo mismo, el Hamilton de hoy, con el que fue al salir de McLaren; ni con lo que él será dentro de tres o de cinco años. De manera que los autos fenomenales, requieren de un conductor a su talla para rendir celosamente. Sin importar cuánto en el porcentaje es contribución de cada elemento. Ya se ve que también son esclavos del momento montura y jinete.

 Si fuera cuestión de que las unidades se guiaran casi solas, sería dable esperar que siempre terminarían empatados al llegar a la meta los dos amigos y rivales de cada equipo. Esto, mirado como si las dificultades que entraña cada trazado, no influyeran, o que estuvieran blindados contra los cambios climatológicos. O hasta con sus estados de ánimo. Hay quien lo ha visto muy claro: en los momentos en que Hamilton ha apretado los dientes y ataca directo a N. Rosberg, este, se arruga. Cuando intenta repelar de tú por tú el germánico, se excede. No es una coincidencia, es una necesidad, o mejor dicho todavía, es una necedad. Tan obvio y fácil de entenderla, como que uno es un ganador neto y el otro, un extraño en el paraíso.

 Los números sirven para maldita la cosa, pero bien que regalan elementos para el intento de que la razón cuente o tenga con qué contar. Las recientes 10 u 11 temporadas han dado tela de la que cortar sobre ambos contendientes. Quien no quiera entenderlo así, que no lo entienda.

 Lewis lleva 176 largadas, por 194 de Rosberg quien empezó un año antes. En esos lapsos, Hamilton ha ganado 46 carreras (con un gradiente de efectividad del 26.14% ), en tanto que Rosberg ha reunido sólo 19 victorias (con el 9.79% de efectividad). Hamilton se ha hecho con 54 PolePositions (30.68%); en tanto que Rosberg, lleva 25 (12.98%). Hamilton tiene en sus registros 30 vueltas más rápidas en carrera (17.05%), y Rosberg 18  (9.28%). En subidas a los podios, la diferencia es abismal 93 de LH (52.48%) versus, 46 de NR (23.71%).

 Hamilton ha liderado en dos mil 548 vueltas y Rosberg en 1,319. Lewis ha metido 2,009 puntos en su carcaj y Nico: 1,362.50 en el suyo. A todas luces, se está frente a un racer doctorado, contra uno en época pre-universitaria. De manera que, si se vuelven a rozar en la pista, no es nada difícil que salga mejor librado el inglés. Porque en el momento culminante juega a su favor el instinto ganador, que apabulla al confort con el que el alemán convida. El hecho de que uno tenga tres coronas y el otro ninguna, es elocuente.

 Por si fuera poco. No debe de descuidarse que esto de la Fórmula 1 es un deporte, en otras palabras, es una disciplina que los ingleses han llevado a la cima. Tiene reglas y réferis. En tanto que es muy importante que siga superviviendo, se tiene mucho cuidado de que las reglas y sus jueces le den legitimidad al espectáculo y eso: es el meollo. Un show bien pensado, con una práctica inmejorable, en la que oficia un sacerdote, rodeado de diáconos y de acólitos, tratando de llegar al altar mayor al unísono. A sabiendas que nada más, cabe un oficiante.

Por supuesto que hay reto. Pero no se pueden trazar paralelos así no más, entre los enfrentamientos de Ayrton Senna contra Alain Prost, o los de Didier Pironí contra Gilles Villeneuve, o peor aún: los de Nino Farina contra Juan Manuel Fangio. Porque entonces, salen a relucir la sutiles diferencias que dan al traste al alegato, con sus lugares comunes y por tanto: dejan muy mal parada a la inocencia de Nico Rosberg, frente a la voracidad de Hamilton.

 De ninguna manera se está tomando partido por uno de ellos. Que hagan lo que les parezca mejor. Que avienten su mejor esfuerzo. Que al final de cuentas, la historia del deporte los pondrá a cada uno en el pedestal que les ha de corresponder. La absolución, llega por sí.

 Usted como espectador, saldrá ganando. Y eso es la estupenda razón de El Circus y todos sus secuaces, incluidos aquellos que escriben tan quitados de la pena como un médico que utiliza el desfibrilador, cuando es debido.

 Sin más lucha que esperar a que gane el mejor y que el esfuerzo por realzar el ánimo, sea proporcional a las expectativas puestas.   

 Muy amigable mente,

Ángelo della Corsa

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Acerca de este artículo
Series F1
Pilotos Lewis Hamilton , Nico Rosberg
Equipos Mercedes
Tipo de artículo Análisis